No son palomas ni buitres; habitan el aire. Son mensajeros privados, incubados en la oscuridad y liberados mediante la iluminación. No tienen ningún semejante visible en las criaturas del aire y tampoco son ángeles. Son las raras aves del espíritu, aves de paso, que vuelan de sol a sol. No quedan aprisionados en el poema, sino que se liberan en el. Ascienden con las alas del éxtasis y se desvanecen en el fuego.
El hombre no vuelve los ojos al sol en vano; exige luz y calor no para el cuerpo, del cual un día se despojará, sino para su ser interior. El hombre exterior desaparece paulatinamente a fin de revelar el pájaro de oro que vuela hacia la divinidad
Henry Miller
abril 08, 2005
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