julio 06, 2005

El señor de las jaulas y los candados


Hubo un hombre que tenia un pajarito encerrado y se obsesionó por encerrar otras cosa.Todo lo tenía que tener enjaulado, su dinero, su comida, su amor.
El dinero lo metió en una caja fuerte que se hizo construir con la habitación, para tenerlo cerca y controlado.
A la nevera le puso un candado, para que nadie la pudiera abrir sin el estar presente. No quería sorpresas al llegar a casa y que faltara algo imprescindible para el, i le faltaba el zumo de naranja era capaz de todo, si vitamina C no conseguía dormir.
Por último su amor al que encerró en las cuatro paredes de su casa para que nadie se lo pudiera robar.
Paso que un día el señor del supermercado, el repartidor, entrego el pedido por error fuera del horario que el estaba en casa, tal y como había solicitado el Señor de las jaulas y los candados, siempre hacer la entrega después de las 18 horas, momento en que el llegaba a casa.
Pues paso que el repartidor era un hombre risueño, con un gran corazón, tan grande que se oían sus latido a unos metros de distancia. Para Ella , la enjaulada, no paso desapercibido ese latido, ese hombre estaba vivo y le hablaba de cosas que ella desconocía, le explico lo maravilloso que era notar el sol en la piel, respirar el aire, aunque fuera contaminado, los buenos momentos que vivía junto a sus amigos sentado en una terraza bebiendo una cerveza, ir al cine a ver una película que sabes que no te gustará pero comer unas buenas palomitas y al salir no parar de reír de la tontería que acabas de pagar. Ella lo miraba embobada, hacia mucho que no salía de esa casa, y quedo fascinada, el exterior parecía interesante y existían personas tan agradables como el repartidor.
No sabe por que pero empezó a explicar a un desconocido su vida y el la entendió, siempre dejando claro que solo podía opinar por lo que ella contaba y que quizás faltaba al versión del hombre de los candados y las jaulas, pero aun así le dijo: tus ojos brillan y tramiten algo muy especial, nadie debería dejarte aquí encerrada, debes tener mucho para dar.. uy.. para qué? pregunto ella que no sabia exactamente a que se refería…
Es fácil, yo solo te he explicado lo que hago un día normal, un día de esos que luego apenas recuerdas, por que los que permanecen en la memoria son los muy buenos y los muy malos, que por fortuna son pocos. Necesitas vivir días normales, días de cerveza y tapas, días de cine, días de sol y charla, días de paseas sin rumbo… no soy nadie y no te conozco pero si quieres aquí estoy… el saco un boli y apunto en la factura su numero de teléfono… ella sintió ilusión y miedo.. si el, el señor de los candados y las jaulas veía ese numero que pensaría, pero a la vez que agradable conocer a alguien con ese corazón tan grande. Ella no lo pensó más, amaba al Señor de las jaulas y los candados pero quería algo mas, quería vivir y que nadie la encerrara. Decidió salir a la calle y no volver nunca mas…. Antes de marchar le abrió la jaula del pajarito que no paro de cantar y revolotear a su alrededor hasta que encontró la ventana y desapareció volando. Cogió unas cuantas cosas y se marcho con el repartidor. No para vivir una aventura loca de amor si no para empezar una vida en la que ya contaba con un amigo, al que los latidos de su gran corazón delataban como una gran persona.
Colorin colorado este cuento se ha acabado. Recordar que si amáis aun pajarito tenéis que dejarlo libre, si aun así esta con vosotros es que os ama, si desaparece es que no era para vosotros. Ser felices..yo lo intento… besitos.