Como cada verano nos fuimos de vacaciones, y como cada año al pueblo, porque mi señora esposa, la Reina Mora de la monería como diría su madre, quiere pasarse unos días con su familia, ya que en todo el año no tiene oportunidad de verlos. Nos pasamos quince días en el pueblo, Ciudad Real, allí nacimos los dos y allí regresamos para revivir nuestra juventud, una y otra vez. Vamos a los mismos lugares, comemos lo mismo y nos explicamos historias ya contadas. Pero estas vacaciones han resultado diferentes y las recordaré mucho tiempo, todo por los calzoncillos.
La aventura comienza en casa de mi suegra, cada verano nos instalamos allí porque tienen una casa más grande que la de mis padres. Después de saludarnos y tomarnos algo fresquito, no veas el calor que hace allí, mi mujer se marcho a la habitación a deshacer la maleta; "mi vida si no lo hago se arruga todo como un higo". Mi suegra para entretenerme me envió a darme un bañito mientas preparaba la comida, por cierto antes me olvidé de comentar otra razón para quedarnos en casa de mi suegra, la piscina, así las vacaciones parece que las pasemos en un apartamento, en vez de en familia. Me quedé en remojo hasta que me llamaron para comer, me pegué un lote bestial y me quedé dormido en el sofá.
Me despertó mi mujer tardísimo con un café con hielo y me explicó el plan de la noche. Teníamos que cenar con su primo Pacheco, al que no veía desde hace años, pues nada ,yo me fumé un cigarrito con mi café ,que es un placer como pocos y después me di una ducha.
Salí del baño con la toalla liada al cuerpo y me metí en la habitación. Por primera vez en mi vida, abrí el armario y los cajones buscando que ponerme, habitualmente cuando me meto en la ducha mi mujer ya me ha puesto encima de la cama la ropa que me tengo que poner, pero me daba vergüenza llamarla, no quería que su madre pensara que era un inútil. Me puse a mirar y rebuscando encontré unos calzoncillos guapísimos, de un diseño moderno, no eran mis calzoncillos de siempre, no, había un montón de calzoncillos nuevos de un tacto suavísimo, me puse unos y me mire en el espejo del armario, casi parecía otro tipo, más delgado, esbelto, me quedaban increíbles. Durante un rato, permanecí allí delante del espejo y hice mil posturitas e interpreté unas cuantas escenas encogiendo barriga. Cuando me cansé escogí unos pantalones y una camiseta, me mire en el espejo, realmente parecía otro. Entro mi mujer y me dijo "yo venía a prepararte la ropa, pero que guapo te has puesto tu solito, venga date prisa que nos están esperando".
Salimos con su primo Pacheco, que es Carpintero y estuvo toda la noche hablando de lijas, serruchos, maderas en general y técnicas varias, según aumentaba se grado etílico más cosas tenía que explicar, pero yo escuchaba como si nada, con los calzoncillos me sentía tan bien que ni siquiera se me hizo todo lo plasta que era el tío, aunque eso si, es muy buena persona. Para cuando nos dejaron solos, creo que podría haber hecho un mueble yo solo después de tanta clase teórica. Allí estuve toda la noche escuchando mas cómodo que nunca, libre y con mi morita guapísima al lado, no como aquella urraca de su prima que parecía estar disecada y encima no era nada simpática, yo diría que incluso algo envidiosilla. Pero eso son temas de familia y me llevaría mucho tiempo explicarlo.
Los días pasaron entre la piscina, las cenas con familiares, las siestas y los bares de juventud ,donde volvimos a comer las mismas tapas. Aunque Ciudad Real me la tenga mas que vista aquellos días fueron distintos, los calzoncillos lo hacían diferente. La duda se borro, la voz interna que siempre me atormenta y me cohíbe desapareció. Cada despertar igual, la suegra nos preparaba el desayuno en la terraza, nos leíamos el periódico y fumábamos cigarrillos comentando el mundo, yo con los calzoncillos puestos, por supuesto. Después un baño en la piscina, aquí me tenía que poner el bañador pero solo mientras estaba en el agua, luego inmediatamente después me colocaba los calzoncillos. Sin ellos notaba de nuevo el nerviosismo interior, el hormigueo continuo y esa voz juzgando mis actos. Durante todas las vacaciones los he llevado puestos, incluso en la cama algún día hicimos el amor con ellos. La hora de la ducha se convirtió en un ritual, me deleitaba debajo de choro, me entretenía tanto que mi mujer casi siempre estaba lista antes que yo. Al colocarme calzoncillos limpios, era una gozada, me miraba largamente en el espejo del armario, tan suaves, adaptables, tan cómodos que no los notaba. En cuanto me los ponía me sentía acogido y encima me sentaban bien, mi culo se veía para arriba, respingón,como la morita dice que le gustan. Puedo describirlo porque me pase muchos ratitos delante del espejo, me veía tan bien, la verdad es que parecía que aquellos calzoncillos transformaran mi cuerpo. No es que yo este mal, pero bueno siempre hay un michelín que te gustaría no tener, pero también es verdad que siempre hay unas tapitas que no te puedes saltar. Pero con ellos puestos todo parecía más terso, iIncluso me hice unas fotos a escondidas frete al espejo de lo entusiasmado que estaba, aquello no quería olvidarlo. Me coloque en posiciones todo lo sexy que se me ocurrían y rápidamente, para que nadie no me descubriera, disparé casi un carrete.
El día de la marcha fue algo triste, aunque aun tenia días libres antes de trabajar, ya no seria igual. Retornamos a la rutina pero tenia un consuelo, mis calzoncillos nuevos, ellos me aportaban un seguridad que echaba de menos en mi, desde mi juventud nunca me había sentido igual. Cuando lo pensaba me daban ganas de reír, si le explicaba esto a alguien pensaría que estoy medio loco. Fue un consuelo de tontos más que de locos.
AL llegar a casa después del viaje en coche me di una ducha mientras mi mujer se ocupaba de las maletas, la verdad es que yo doblo fatal la ropa. Salí de la ducha pensando en un rato de relax ante la tele, pero todo se nublo, mi relax se transformo primero en nerviosismo y luego en ansiedad. Al ir al cajón de los calzoncillos estaban mis calzoncillos viejos, los de siempre por mas que miré y remiré solo estaban esos, la maleta estaba encima de la cama, vacía. Pensé, quizás mi mujer esta lavando toda la ropa del viaje, aunque estaba limpia, pero ella a veces es un poco obsesiva con los olores. Así que me dije, "me pongo uno de estos viejos por un día". Pero lo curioso es que no era lo mismo, ni mi cuerpo frente al espejo se veía tan terso, ni mi sensación interior era de tanta serenidad y seguridad. Durante unos segundos dude entre ponerme los sucios por que al menos eran nuevos o los que llevaban puestos que rompían el equilibrio de los días anteriores. Me dejé los viejos solo porque en unos días estarían limpios los otros. Cenamos y vimos una película de acción por el canal de pago. Me sentía cansado y afectado por los calzoncillos, aquello no era normal, la desazón por algo tan minúsculo, algo tan simple, decidí irme a dormir.
Al pasar los días y no ver los en el cajón le pregunte a mi mujer "cariño yo tenia calzoncillos nuevos o lo he soñado, ¿por qué en el pueblo tenia unos calzoncillos nuevos?"
"Cariño claro que tienes calzoncillos nuevos, pero están en el segundo cajón de tu mesita, no cabían en el de arriba, están abajo, como nunca sabes donde están las cosas en esta casa, los puse hay al volver del pueblo ".
Me fui corriendo al cajón lo abrí y allí había unos calzoncillos nuevos, si eran nuevos todos, pero no eran los mismos que yo use en el pueblo. Incluso me los probé pero no, aquellos eran unos calzoncillos normalitos, para nada como los aquellos otros, volví al comedor a preguntarle a mi mujer de nuevo, " ¿verdad que en el pueblo yo tenia calzoncillos nuevos?, ¿verdad que no son estos?"
"Mi amor estas fatal, como que no, los del segundo cajón, los mismos que llevas puestos, venga ven al sofá que dan una comedia romántica de las que tanto nos gustan".
No entendía nada, como me podía decir que eran los mismos calzoncillos, me metí en la cama dándole vueltas al tema y recordé las fotos que me hice en el baño frente al espejo, aquello demostraría que no eran los mismos.
Soñé con los calzoncillos, estábamos mi mujer y yo en el bar de la facultad, todos desnudos solo con los dichosos calzoncillos, en la pared veo un cartel, "manifestación por la Democracia, plaza del sol a las doce"….
Al despertar desayuné fugazmente y al abrir el armario para vestirme, no supe que ponerme, lo mire abierto largamente y acabe llamando a mi mujer ante la imposibilidad de escoger la ropa. Lleno de inseguridades me fui a una tienda de revelado rápido, me dijeron en una hora, fantástico. Perdí el tiempo mirando escaparates y pensando en el único consuelo, mi suegra al ver los calzoncillos olvidados se lo diría a mi mujer, pero hasta el año que viene no volveríamos allí, aunque siempre podíamos coger un puente y acercarnos. Ni siquiera recordaba la marca para comprar los mismos, como era el nombre, creo que empezaba por L, Latra, no por A, Atlas, aun tenia que ver las fotos quizás en ellas se vería.
Cuando las tuve en la mano me metí en el coche corriendo para tener un poco de intimidad, pero alucine cuando las vi, era yo como siempre, con mis michelines y esos calzoncillos del segundo cajón, que mi mujer dice que son los únicos nuevos.